
Un laico es aquel fiel cristiano
que no es sacerdote ni religioso, sin embargo, es algo más que un no ser. Exige
como las otras vocaciones, la opción vital por unos valores vocacionales
determinados que marcarán la vida del llamado.

El fundamento de toda vocación son los sacramentos de la iniciación cristiana, esto se afirma especialmente en los laicos, con estos sacramentos la persona se inicia en el camino de la fe. Hace la opción fundamental de seguir a Jesucristo: queda incorporado a su cuerpo, que es la Iglesia: participa de este modo de la triple función sacerdotal – profética – real de Cristo. El espíritu infunde en ellos sus dones, para que desempeñen con fidelidad la tarea que les corresponde, tanto en el ámbito de la iglesia como en el mundo.
La misión del laico se nos presenta con claridad en los documentos de la Iglesia, especialmente en el CVII: El carácter secular es propio y peculiar de los laicos, les corresponde buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según, los asuntos temporales, viven en todas y cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está como entretejida.
Allí están llamados por Dios a
cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que,
igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo y
de este modo descubran a Cristo a los demás, brillando, ante todo, con el
testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad.
Pablo
VI en la Evangelii Nuntiandi n. 70 dice: Los seglares, cuya vocación
específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas
tareas temporales, deben ejercer por lo mismo una forma singular de
evangelización. Su tarea inmediata y primaria no es la institución y
desarrollo de la comunidad eclesial, sino el poner en práctica todas las
posibilidades cristianas y evangélicas escondidas pero a la vez ya presentes y
activas en las cosas del mundo.

El campo de su actividad evangélica es el vasto y complejo mundo de la política,
de lo social, de la economía y también de la cultura, de las ciencias, de las
artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así
como en otras realidades abiertas a la evangelización, como el amor, la familia,
la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento.
Por tanto, los laicos están
llamados por Dios para que, desempeñando su propia vocación, guiados por el
Espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo desde dentro. Esto
se expresa en una palabra, la secularizad. Es propio del laico animar y ordenar
las realidades temporales, para que se transformen continuamente según Cristo.
La vocación laical es tan importante que sin ella, la Iglesia perdería su dimensión fundamental, el ser para el mundo.
Además,
tienen su puesto en el interior de la Iglesia, en ella ejercen diversos oficios
y ministerios, en el ámbito de la Palabra, podrán de la catequesis y de la
educación de la fe, así como de algunas encomiendas propiamente eclesiales, como
la predicación o las misiones populares. En la caridad, apoyando a instituciones
de acción social o de promoción de las personas, en la liturgia, podrán ejercer
los ministerios laicales de lectores y acólitos, organizar las celebraciones
eucarísticas.



SOLTERÍA
MATRIMONIO
VIUDEZ